dissabte, 26 de febrer del 2022

Dissabte de la setmana VII durant l'any

 

Sábado de la VII semana del tiempo ordinario

Capilla de sant Jordi

Sábado 26 de febrero de 2022

Sant 5, 13-20; Salmo 140 i Mc 10, 13-16

 

Nos reunimos hoy en el primer aniversario de la muerte de vuestro querido esposo, padre y abuelo para ofrecer esta Eucaristía por su alma. Es costumbre des de los primeros tiempos del cristianismo orar por los difuntos. Nos podríamos preguntar qué sentido tiene; una primera respuesta podría ser que hacerlo nos conforta en el dolor por la pérdida de alguien a quien amamos y que nos amó y es cierto recordarle nos ayuda a superar el dolor por su pérdida, en cierta manera nos ayuda a dulcificarlo a interiorizarlo y a asumir así una realidad que negarla no nos produce sino más dolor y angustia.

Pero además de este sentido más humano, orar por los difuntos representa entrar en la comunión de los santos, quizás una expresión hoy en día algo olvidada pero siempre importante. Nosotros y los que ya nos han dejado, los que ya han abandonado este mundo, formaremos parte, todos juntos, de la Iglesia definitiva y celestial. La manera de unirnos hoy a ellos es la oración.

Siempre es importante orar, lo acabamos de escuchar en la lectura de la carta del apóstol Santiago que nos venía a decir que si sufrimos recemos, que si estamos enfermos recemos ya que la oración todo lo puede, como Elías con acudiendo a ella realizó grandes prodigios. Pero el Señor en esta vida no nos pide grandes prodigios, nos pide una fe simple pero profunda, como la de un niño, nos pide que aceptemos el Reino de Dios como lo acepta un niño para poder entrar así en él. Para rezar, para orar por nuestro hermano, por todos los difuntos, debemos volver nuestros ojos hacia el Señor, ciertos de que Él es nuestro refugio, como nos ha dicho el Salmo. Porqué una parte muy importante de la oración es la confianza con la que nos dirigimos a través de ella hacia el Señor, sabiendo que nos escucha, que nos atiende.

Hace un año una parte de vuestra vida, una parte muy importante, se truncaba en cierto modo porqué cuando alguien querido nos deja sentimos como si una parte de nosotros mismos nos dejase. Pero por la fe debemos estar convencidos de dos cosas: Los que nos preceden hacia la casa del Padre no nos dejan del todo, los tenemos a nuestro lado de otra manera, por la comunión de los santos como recitamos en el Credo; y en segundo lugar nuestra oración también debe dirigirse al Señor en el sentido de que un día todos podamos unirnos en su reino.

La oración es algo inmaterial quizás, pero su profunda espiritualidad hace que llegue como el incienso que se eleva en nuestras celebraciones, hasta la presencia del Señor. Recemos hoy en este primer aniversario de su muerte por nuestro hermano, para que el Señor le haya acogido en su seno y a nosotros un día nos reciba también en él y podamos participar todos juntos de la gloria eterna, del Reino de Dios con la inocencia de un niño, salvados de la muerte.